Thursday, March 20, 2014

El retorno del rey

Un día y tres entradas... prolífica inspiración? no realmente; quizá el anuncio de un par de días -¿semanas?- sin añadir otro escrito; pero ahí va:


Muchos poetas decadentes critican la reciente proliferación de novelas y películas -arte- relacionados con nociones épicas y, más que aventura (pues ella se encuentra en Rambo o Rocky por igual y por doquier), con el honor, la valentía y el coraje.

Narnia, el señor de los anillos... ¿por qué disgustan tanto a los artistas snob?

Creo que la esencia de tales creaciones lo explica: Tolkien y Lewis, sus creadores, eran profundamente cristianos e introdujeron ideas religiosas en sus obras. En el señor de los anillos, Frodo, miembro de la raza más insignificante -representada por su simplicidad, humildad y estatura- logra aquello que los orgullosos reyes y los legendarios elfos no pudieron. En Narnia, el león da su vida y perdona al traidor por amor, y salva.

En ambos casos, los niños y jóvenes, tras leer o ver tales obras (lo cual evidencia que no es inferior ni despreciable el cine, y tiene la ventaja de ser popular y, en cierto sentido, más social que el libro, el cual tiene sus propias virtudes), inspirados anhelan realizar y ser partícipes también ellos de heróicos actos de sacrificio y nobleza. De amor, en últimas.

Quizá este amor se diferencia del proclamado y defendido por quienes se deleitan en aventuras decadentes de infidelidad, pasiones desbordadas, engaños, intrigas y perdición moral que son presentadas como la cúspide y meta de la humanidad.

Prefiero que el arte transmita sentimientos de entrega real e inspire virtudes, a la proliferación de tentaciones que va embotando los sentidos. Como dijo Hermann Hesse, nos hacen más felices las "pequeñas alegrías".

Como el cuento que se encuentra más abajo, prefiero ser la oruga que se dejó caer a quien pensó obtener gloria.

Por todo ello, que retorne el rey, resuenen los llamados en el bosque y los humildes hobbits o niños logren aquello que los mayores (en edad, estatura o "estilo" literario) no han podido, no pueden lograr, y han perdido.


P.D. Leed sobre Galahad, quien fue puro en medio de la perdición de Camelot.

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